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La familia es la clave y la llave en las dependencias

Publicado el viernes, 27 de octubre de 2017. Revisado el martes, 31 de octubre de 2017.
Autor: Laura Tamayo

Los comportamientos abusivos son un problema de todos y todas. Las dependencias están impregnadas en todos los ámbitos y condiciones sociales, y se identifican en esta sociedad de la inmediatez en la que vivimos, que busca el placer rápido alejándose todo lo posible del sufrimiento. Esto se deriva de múltiples variables que van desde las inseguridades personales hasta la falta de perspectivas para el futuro. Es por ello de la importancia de ahondar en los fundamentos que las condicionan o motivan, haciendo especial hincapié en los factores familiares.

Las dependencias, en sentido general, son un estado de depender de algo o de alguien, ya sea como apoyo o como necesidad dominante. Se puede aplicar a diferentes circunstancias de la vida: alcohol u otras drogas, sexo, dinero, relaciones afectivas, juego, comportamientos nocivos, etc. El término implica una necesidad imperiosa de realizar ese acto repetidas veces para encontrar el bienestar o para no sentirse mal. Si deseamos abandonar esa conducta y no nos es posible, es una señal propia de que existe una dependencia. La mayoría de estas situaciones tienen síntomas cognitivos, fisiológicos y de comportamiento, que indican que existe un descontrol en nuestra conducta con el sometimiento del elemento adictivo.

En las dependencias existe una contradicción en el dependiente, entre lo que piensa y lo que hace. En un ejemplo básico de drogodependencia, la persona enferma dedicará la mayor parte de su tiempo pensando, buscando, obteniendo “financiación”, consumiendo y recuperándose de los efectos de la sustancia. En el resto de dependencias la pauta de conducta es similar en cuanto a sus comportamientos.

La mayoría de las dependencias tiene patrones comunes; lo que las diferencian son el tipo de consecuencias y alteraciones derivadas de cada una de ellas. Si, por ejemplo, analizamos una persona que tiene el mal hábito de comerse las uñas, comprobaremos que tiene un comportamiento compulsivo que no puede controlar (lo intenta y no puede, aumenta el acto cuando está más nerviosa y, a pesar de hacerse daño en los dedos constantemente, continúa). En ese análisis y resultados encontramos, por tanto, similitudes con un comportamiento de cualquier otra dependencia, sean las drogas, personas o adicciones. Lo que las diferencia son principalmente las consecuencias derivadas de la dependencia, pero los patrones son semejantes. Al principio puede parecer extraña esa analogía, pero la entenderemos desde el punto de vista de los patrones básicos de todas las dependencias, los cuales parten de una raíz no sanada, de un desarrollo de personalidad vulnerable, sumado a una ansiedad progresiva y a una gestión deficitaria de las emociones y/o conflictos. Todo ello puede desembocar en el inicio de un comportamiento repetitivo que busca el placer de manera inmediata y que va destruyendo una parcela de nuestra vida. Si a esto se suman los sentimientos de culpa y de desasosiego, ello desemboca en intentos infructuosos de abandono de la dependencia, creándose una espiral de dependencia de la que es difícil salir.

De este modo, a partir de aquí, cada vez que tratemos el término dependencia tendrá múltiples caras: drogodependencia, ludopatía, dependencia emocional, etc., pero lo fundamental será entender el por qué de ese comportamiento dependiente, ya que ese cuestionamiento se podrá extrapolar a muchos de los motivantes de las dependencias.

¿Qué factores influyen en una personalidad dependiente?
Existen factores familiares, personales y ambientales que no son determinantes pero que pueden generar paulatinamente una personalidad dependiente. Tienen una influencia a lo largo de toda la vida, pero se localizan principalmente en las primeras etapas de nuestro crecimiento, ya que en esos momentos somos más vulnerables y es donde se desarrolla principalmente nuestro cerebro y personalidad futura. Por tanto, las etapas iniciales de crecimiento son las más representativas para el desarrollo del futuro individuo y lo podemos analizar detalladamente en la siguiente tabla:

EDAD FASES DE DESARROLLO CARACTERÍSTICAS REFERENTES PRINCIPALES
0-3 PRIMER PERIODO - FASE APEGO - Desarrollo físico/afectivo/social Necesidades básicas fisiológicas, de protección y de amor. No recuerdos (grabación en el subconsciente) PROGENITORES/TUTORES PRINCIPALMENTE UNA FIGURA DE APEGO
4-9 INFANCIA Juego como elemento socializador. Mediana conciencia de la realidad PROGENITORES Y FAMILIARES, PRIMEROS AMIGOS
10-13 PREADOLESCENCIA Juego y riesgo. Conciencia de la realidad FAMILIARES, GRUPO DE IGUALES
14-17 ADOLESCENCIA Revolución biopsicosocial. Yo contrariado. Repercusión de lo vivido en etapas anteriores GRUPO DE IGUALES
+18 Reproducción de lo vivido en las diferentes etapas de desarrollo, siendo la más determinante la del primer periodo-apego.

Destacamos la importancia de los primeros años de vida teniendo en cuenta que para ser un adulto independiente se ha tenido que ser previamente un infante protegido y dependiente. De ahí, la relevancia de la figura equilibrada de los progenitores y los familiares en el desarrollo en una personalidad estable. La correlación entre las experiencias vividas en la infancia y los comportamientos en la edad adulta es incuestionable, si bien necesitamos conocer qué aspectos son los más influyentes.

Nos centraremos en los factores familiares que pueden influir negativamente en las dependencias:

  • PAUTAS EDUCATIVAS Y ACTITUDES INADECUADAS POR PARTE DE LOS PADRES/TUTORES: Existen pautas en los sistemas educativos en los que hemos sido educados que pueden potenciar el riesgo de ser dependientes, como serían: ausencia de límites, exceso de autoritarismo, castración emocional, exceso de comparación, ausencia de contacto físico, sobreprotección, etc.

    En la infancia contar con referencias estables sobre lo que se debe o no hacer y orientarnos a razonar los motivos por los que algo se debe hacer son pilares fundamentales para nuestra consolidación de un adulto estable. Los/as niños/as necesitan una sensación de SEGURIDAD. Es necesario el control, la aprobación o desaprobación de lo que hace el menor, así como la expresión de sus sentimientos. Es importante ejercer un trabajo como padres que ayude en el desarrollo del menor: observar y reorientar sus comportamientos inadecuados, amarlo, protegerlo, entenderlo, acompañarlo, jugar con él, interesarse por sus actividades, ayudarles en sus tareas, generarle autonomía según su edad, etc. Hay que evitar las actitudes permisivas o desentendidas, tanto en los discursos como en las conductas, así como una excesiva protección, por lo que un sistema educativo en equilibrio de afecto, atención, empatía y protección será lo más beneficioso para su crecimiento.
  • DESESTRUCTURACIÓN FAMILIAR. No es que se separen los progenitores en sí, sino las problemáticas originarias y posteriores, conflictos entre ambos, fallecimiento de uno de los miembros, padre o madre ausente, el uso de drogas y/o violencia en entorno familiar, etc. Los/as niños/as se fijan más en la conducta de los padres/tutores que en sus palabras. El estilo de vida asociado (alcohol, abuso de ansiolíticos, agresividad, pasividad, etc) será determinante para sus futuras acciones.
  • Entendemos que no se nace siendo padre, pero sí hay que buscar las mejores herramientas para intentar serlo, con una actitud proactiva de mejora en el modelo educativo y organizativo del hogar que ayudará a disminuir los riesgos en nuestros hijos/as.

    Respecto a los factores personales que influyen en las personalidades dependientes, existen diversos aspectos genéticos y de experiencias vitales no resueltas, tales como vivencias traumáticas (situaciones de shock, accidentes, abusos, condiciones de vida extremas, etc.) que darán lugar a una personalidad más vulnerable y con desajustes emocionales.

    Y en referencia a los factores ambientales, es decir, los relacionados con el entorno o comunidad, destacan la deprivación social, un nivel socioeconómico desajustado, el hacinamiento en el hogar, las crisis económicas, un grupo de iguales inadecuados, las situaciones de movilidad, como movimientos migratorios que rompen con el entorno de sus grupos de iguales, y la ruptura con la seguridad que da el contexto, colegio o las relaciones. Todas estas son situaciones que pueden hacer más vulnerable a la persona y la predisponen a estar más expuestas a situaciones de riesgos.

    Ejemplo tipo:

    En este gráfico se interrelacionan los diferentes factores que influyen en una trayectoria vital para que concurra una dependencia. Cuando se incrementan factores negativos personales, familiares y ambientales irán aumentando las problemáticas derivadas de las dependencias. Existe una relación directa entre las problemáticas de vida con las problemáticas derivadas de la dependencia, es decir, cuanto más dramática hayan sido las experiencias vitales, más arraigadas y complejas podrán serán las dependencias que surjan.

    Este ejemplo tipo puede escenificar, por tanto, a una persona de 18 años que por los acontecimientos dramáticos vividos hasta su edad actual (33 años) cuenta con una personalidad vulnerable, con unos recursos psicológicos defectuosos, con una cohesión familiar débil y con unas relaciones sociales pobres. En consecuencia, tuvo el riesgo de hacerse adicto al contar con un hábito de recompensas inmediatas y con un objeto de adicción a mano. Pudo sentirse presionado por un grupo y/o estar sometido a circunstancias de estrés (fracaso escolar, frustraciones afectivas, competitividad) o de vacío existencial (inactividad, aislamiento social, falto de objetivos, etc). Todo ello le llevó durante años a tener múltiples problemáticas familiares, personales y sociolaborales que le han hecho cuestionarse su adicción a la que, con 33 años, desea darle fin.

    Con este caso lo que deseo destacar es que la mayoría de dependencias parten de una etapa emocional vital no digerida que tiende a ser tapada por ese comportamiento compulsivo. La dependencia es un síntoma de que algo ha fallado en etapas anteriores, sin culpables, solamente realidades vitales. Es por ello que la propia dependencia nos habla más del problema del pasado que de la dependencia en sí. La persona lo que busca es aliviar el dolor, llevado por su subconsciente del pasado, y la manera de aliviarlo es anestesiando progresivamente su consciencia con ese comportamiento compulsivo.

    ¿Cómo acabar con una dependencia?
    Al analizar por qué las personas consumen, hemos observado que es algo complejo, pero podemos llegar a hacernos una idea de cuáles son los factores que influyen de manera más determinante. Es importante llegar a la raíz del problema para poder sanarla y continuar trabajando.

    Por tanto, desde mi experiencia, la raíz de las dependencias reside en las emociones vividas y principalmente en cómo se hayan gestionado. Cuando existe una emoción no digerida en el pasado (comúnmente en la infancia), la voluntad del individuo busca anestesiarla, principalmente con sustancias o actos que den placer inmediato, intentando mitigar el dolor que genera esa emoción que no ha sido sanada. Por tanto, si digerimos, sanamos y gestionamos mejor las emociones, tendremos la llave para salir firmemente de la trampa de las dependencias. Al contrario, anestesiar la emoción, agranda la herida, la infecta y la hace cada vez más difícil de tratar. Por eso, cuando estas aparecen, nos tenemos que poner a operar las emociones, el pasado y las variables que influyeron negativamente porque de ese modo será más fácil comprenderlas y erradicarlas.

    Si deseamos prevenir las dependencias en la etapa infantil, será fundamental incidir en crear un ambiente familiar equilibrado donde el niño se sienta querido y motivado, donde exista una disciplina positiva y una comunicación abierta, ya que todo esto favorecerá su desarrollo, tanto desde el punto de vista intelectual, afectivo y social, y eso le protegerá ante situaciones de riesgos de posibles comportamientos dependientes. Cuando las relaciones familiares son positivas, con implicación, apego, afecto y aprobación, esto suma como un factor de protección frente a las dependencias. El apego a la familia, en definitiva, se convierte en una variable de gran relevancia, dado que la misma se relaciona con otros factores de tipo familiar ya vistos, como el conflicto familiar, pautas educativas inadecuadas, etc. El grado de afectividad en el entorno percibido en las relaciones familiares será por tanto fundamental para entender la historia de dependencia en una persona. Un apego familiar positivo puede contrarrestar otros factores de riesgo, especialmente si a través de la familia se han internalizado ciertos valores y normas (seguridad en sí mismo, valor por la salud o autoestima equilibrada) que llevan al rechazo de comportamientos dependientes.

    Hay que recordar que las dependencias se instauran en nuestras vidas por la repetición de las conductas, se adquiere por ende un hábito y, para cambiar una costumbre, es necesario crear otra nueva que genere bienestar. Así que para acabar con la dependencia en la etapa adulta, es fundamental crear hábitos de vida saludable, complementarlo con la realización de un trabajo terapéutico centrado en la sanación de las vivencias pasadas y adquirir técnicas y herramientas de gestión emocional que ayuden de manera eficaz para continuar con experiencias vitales futuras.

    En definitiva, para ponerle fin a las dependencias hay que dar comienzo a un trabajo de por vida, que se inicia por un reconocimiento de la problemática, por una revisión terapéutica completa de las primeras etapas de vida y por la creación de nuevos instrumentos de gestión emocional que acompañen el futuro de la persona dependiente.

    Si se quiere, se consigue la liberación y una de las llaves ya conocemos dónde la podemos encontrar.


Sobre Laura Tamayo
Laura Tamayo es licenciada en Antropología Social y Cultural y Trabajadora Social. Participante comunitaria desde los 17 años con menores, jóvenes y colectivos desfavorecidos, es madre biológica y de acogida.

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