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¿Qué hay de malo con los tiempos fuera?

Publicado el jueves, 15 de febrero de 2018. Revisado el jueves, 15 de febrero de 2018.
Autor: Laura Markham

Hoy en día, los padres "expertos" coinciden en su oposición al castigo físico, dado que la investigación ha demostrado ampliamente que perjudica al desarrollo moral, emocional e incluso intelectual de los niños. Pero, por supuesto, queda la duda de cómo los padres podemos guiar a un niño de dos, tres o cuatro años que aún no ha desarrollado la corteza prefrontal como para que la razón triunfe sobre la emoción y que puede que no tenga interés en cumplir nuestras normas.

La mayoría de los expertos aconsejan a los padres el uso de los tiempos fuera (también conocido como la silla de pensar). Aparentemente, los tiempos fuera parecen respetuosos, no son violentos y llaman la atención del niño. Además, ofrecen a padres y niños un descanso mutuo muy necesario cuando las emociones están a flor de piel. Pero cualquier niño puede explicarte que los tiempos fuera son un castigo que en nada difiere de estar quieto en un rincón. Y cada vez que castigamos a un niño le hacemos sentir peor consigo mismo y deterioramos la relación ma/paternofilial.

Por tanto, no es sorprendente que la investigación demuestre que los tiempos fuera no mejoran el comportamiento necesariamente. Un estudio realizado por el National Institute of Mental Health1 concluyó que los tiempos fuera son efectivos para que los niños pequeños cooperen, pero solo temporalmente. Estos niños se portaban peor que los niños que no fueron sometidos a tiempos fuera, incluso cuando sus madres hablaban con ellos después. Michael Chapman y Carolyn Zahn-Wexler, los autores del estudio, concluyeron que los niños reaccionaban a lo que percibían como una «retirada de cariño» portándose peor, lo que es consecuente con los estudios que se han realizado sobre la retirada del cariño como técnica de castigo, y que muestran que los niños sometidos a esta práctica tienden a portarse peor y tienen peor salud emocional, además de un desarrollo moral menor. No son resultados sorprendentes, dado que los niños necesitan sentirse conectados a sus padres para conseguir una sensación de seguridad y que tienden a reaccionar cuando no se sienten seguros. Alfie Kohn, en su libro Crianza Incondicional, cita numerosos estudios sobre los efectos negativos del tiempo fuera y otras técnicas de retirada del cariño en el desarrollo moral y psicológico de los niños.

Así que, aunque es cierto que los tiempos fuera son infinitamente mejores que azotar, enseñan lecciones erróneas y no funcionan para crear un mejor comportamiento en los niños. De hecho, tienden a empeorarlo. Veamos por qué.

1. Los tiempos fuera hacen que los niños se vean como malas personas
Confirman la sospecha de ser una mala persona. No solo minan la autoestima, sino que conducen al mal comportamiento, porque las personas que se sienten mal con ellas mismas se comportan mal.

Como dice Otto Weininger, Ph.D., autor de Time-In Parenting: "Apartar a los niños para que controlen su ira perpetúa el sentimiento interno de «maldad» ... Es probable que ya se sintieran muy mal consigo mismos antes de que la situación explotara y el aislamiento solo sirve para confirmar que estaban en lo cierto".

2. Los tiempos fuera no ayudan a que los niños aprendan a regular sus emociones
La forma más rápida de enseñar a los niños a calmarse es proporcionar un "ambiente de espera", transmitiendo que sus sentimientos incontrolados son aceptables y pueden ser regulados. Cuando lo mandas solo a su cuarto se calma temporalmente, pero no está más cerca de aprender a manejar esas emociones la próxima vez. Esto no significa que tengas que sostener a tu niño físicamente en medio del conflicto; probablemente no te dejará. Un "ambiente de espera" puede proporcionarse permaneciendo cerca con serenidad, sin muchas palabras, pero transmitiendo la tranquilidad de estar a salvo y de que estarás ahí para darle un abrazo cuando esté preparado.

La desregulación emocional induce al niño a "luchar, huir o paralizarse", lo que por definición significa que un niño enfadado se siente inseguro; por eso pelea como si fueras su enemigo número uno en vez de su querida madre. Así que, cuando tu hijo está enfadado, tu objetivo debería ser garantizar la sensación de seguridad, antes de intentar enseñarle el comportamiento adecuado.

3. Los tiempos fuera actúan a través del miedo, como un abandono simbólico
Apartar a un niño enfadado es empujarlo lejos cuando más te necesita. Lo peor de todo es que sólo se calma y se vuelve más "obediente" porque ha experimentado el miedo infantil universal al abandono.

Dan Siegel dice que el dolor relacional del aislamiento en el tiempo fuera es profundamente hiriente para los niños pequeños y que, cuando se repite una y otra vez, la experiencia del tiempo fuera puede "cambiar realmente la estructura física del cerebro".

4. Los tiempos fuera no ayudan a los niños con sus emociones perturbadoras, lo que hace más probable que se siga produciendo el mal comportamiento
Aislar al niño con el tiempo fuera transmite el mensaje de que lo alejarás si expresa emociones desafiantes. Solo sus sentimientos "agradables" son seguros; sus sentimientos auténticos, caóticos y difíciles, parte de lo que todos somos, son inaceptables e indeseables. Un niño no puede separarse de sus sentimientos. Así que concluye que no es digno de amor. Y reprime esas emociones difíciles, lo que significa que ya no están bajo control consciente y pueden estallar con más fuerza en el próximo enfado.

5. En lugar de reafirmar tu relación con tu hijo para que sea más complaciente, los tiempos fuera alimentan las luchas de poder
Muchos padres terminan en peleas físicas con su hijo mientras tratan de imponerles un tiempo fuera. El niño queda en mal lugar y tiene mucho tiempo para sentarse a fantasear sobre su venganza. (¿De verdad crees que está pensando en ser mejor persona?)

6. Los tiempos fuera, al igual que todos los castigos, nos impiden colaborar con nuestro hijo para encontrar soluciones, ya que estamos dejando todo el problema para él.
Esto nos dificulta el hecho de ver las cosas desde la perspectiva de nuestro niño y debilita nuestro vínculo con él. Desafortunadamente, ese vínculo es la única razón por la que los niños empiezan a comportarse. Así que los padres que usan los tiempos fuera a menudo se encuentran con un ciclo creciente de mal comportamiento.

¿Qué hacer como alternativa a los tiempos fuera?
En resumen, los tiempos fuera, aunque infinitamente mejores que pegar, son solo otra versión del castigo por lo que se refiere al aislamiento y a la humillación. En el momento en que los tiempos fuera son vistos como castigos por los niños, y siempre lo son, no son tan eficaces como una orientación positiva para fomentar el buen comportamiento.

Así que, si los estás usando como castigo por incumplir las normas, necesitas encontrar una estrategia más eficaz. La prevención siempre funciona mejor, y el entrenamiento en las emociones es indispensable. Gestionar tus propias emociones también es esencial, porque eso calma la tormenta, en lugar de acrecentarla.

Usar tiempos fuera para lidiar con las crisis de tu hijo es realmente destructivo, porque le estás provocando miedo al abandono. Trata de entrenar la emoción y el tiempo dentro.

¿Qué es el tiempo dentro?
Si quieres enseñar a tu hijo a gestionar sus emociones, solo puedes conseguirlo antes de que comience la crisis y el niño aún pueda acceder a su capacidad de razonamiento de la corteza prefrontal. Cuando anticipes las señales, proporciona a tu hijo un «tiempo dentro» que le ayude a calmarse. Así le transmitirás que entiendes que sus emociones le agitan y que estás ahí con él. Si solo está un poco molesto y quiere acurrucarse o leer un cuento, bien. Si se viene abajo, estás para ayudarlo. Simplemente dile que estás ahí y que está a salvo.

Una vez que la emoción de tu hijo le colapsa, es demasiado tarde para la enseñanza. No trates de hablar, negociar o convencerlo de nada; está en modo de emergencia, en «lucha o huída» y la capacidad de razonamiento cerebral no se activa en ese momento. Tan solo quédate cerca para no desatar su miedo al abandono y mantén la calma. No cedas a lo que causó el conflicto (o sea, si le negaste una galleta, no se la des), pero ofrece toda tu amorosa atención. Dile que está a salvo. Estate preparada para tranquilizarlo con tu amor cuando se calme.

Cuando pierdes el control
Los tiempos fuera son una excelente técnica de gestión para mantener reguladas tus propias emociones. Pero úsalos contigo misma, no con tus hijos. Cuando pierdas el control, cuenta hasta diez. Así evitarás hacer algo de lo que después puedas arrepentirte. Será un modelo de autocontrol maravilloso para tus hijos. Y, en última instancia, mejora la disciplina eficazmente ya que no estarás amenazando con algo que no cumplirás después.

Los padres que usan los tiempos fuera a menudo se sorprenden cuando se enteran de que hay familias que nunca golpean, nunca usan tiempos fuera y rara vez gritan a sus hijos. Estos métodos disciplinarios no deberían usarse y, si los estás usando, probablemente te sentirás aliviada al saber que puedes dejarlos atrás.

Referencias:

1. Chapman, Michael y Zahn-Wexler, Carolyn. “Young Children’s Compliance and Noncompliance to Parental Discipline in a Natural Setting.” International Journal of Behavioral Development 5 (982): p. 90.

2. Hoffman, Martin. (1970) “Moral Development.” En el Manual de Psicología Infantil de Carmichael, 3ª edición, volumen 2, editado por Paul H. Mussen. Nueva York: Wiley.


Sobre Laura Markham
La Dra. Laura Markham es Psicóloga Clínica por la Universidad de Columbia y madre de dos hijos. Es la editora del portal AhaParenting.com y colaboradora habitual de otros sitios web sobre crianza.

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