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Lactancia materna y apoyo familiar

Publicado el sábado, 17 de marzo de 2018. Revisado el sábado, 17 de marzo de 2018.
Autor: Bobby Ghahery

Imagina una enfermedad que aparece de repente y deja a los médicos desconcertados. Imagina que te está causando dolor y que te sientes completamente indefensa. Y, entonces, imagina que tu pareja no crea que esté pasando nada.

Por desgracia, si esa «enfermedad» es la dificultad de una madre para amamantar a su hijo, este escenario es muy común. Escucho historias como esta a menudo y debemos hacer lo que esté en nuestras manos para anticipar y detener estas vivencias.

Aviso: En este documento, me referiré al padre como la persona que duda. Pero siendo realistas cualquiera puede desempeñar este papel: parejas del mismo sexo que no amamantan, miembros de una familia amplia, amigos cercanos y, a veces, la propia madre. Incluso he conocido familias en las que la mamá niega el problema y el papá lo asume, buscando evaluación y tratamiento.

Entonces, ¿qué tipo de cosas se dicen?

«No creo que pase nada.»
Esta es una negación tácita que puede ser muy difícil de abordar, a menudo debido a que el papá no entiende lo importante que es la lactancia materna. A este frase le siguen cosas como «la leche de fórmula es igual de buena» o «puedes sacarte leche». Responder a fondo estas cuestiones merece un artículo a parte y no quiero alimentar el debate de la teta contra el biberón. Mi función como especialista en lactancia materna es escuchar a la familia, y la mayoría de las que acuden a mi consulta quieren dar el pecho. Así que el papá tiene que entender que los niños amamantados ven favorecido su desarrollo inmunológico y facial, más que los bebés alimentados con biberón. Además, mamá y bebé gozan de grandes beneficios psicológicos al mantener la relación lactante durante el mayor tiempo posible.

«No quiero gastar dinero.»
Aunque suena duro, lo cierto es que un recién nacido implica importantes gastos. Sumarle varias consultas y una intervención en caso de frenillo lingual o labial solo agrava el problema. Si bien supone un desembolso por adelantado, el gasto en leche de fórmula así como la disminución de la capacidad inmunológica puede salir más caro a la larga. La negación del papá se vuelve especialmente evidente cuando el seguimiento se alarga porque el problema persiste o los síntomas no mejoran. El padre interpreta que la primera intervención ha sido un fracaso y no confía en que una segunda (y su costo) vaya a ser beneficiosa. Por eso no cobro por las visitas de seguimiento o si hay que repetir la intervención antes de los 6 meses, lo que nos da el tiempo suficiente para ver los resultados.

«No quiero operar a mi hijo.»
Por miedo o falta de información. Suelo decir a las mamás que pasan por esta situación que la opinión del padre sería respetable si hubieran leído e investigado tanto como ellas lo han hecho. Sin embargo, si opinan sin haber investigado absolutamente nada, significa que tienen miedo. No estoy diciendo que no sea natural tener miedo, sino todo lo contrario. Es importante abordar qué les asusta antes de poder avanzar.

«Nuestro pediatra nos dijo que todo estaba bien.»
También se aplica a los médicos de familia y a las asesoras de lactancia. Por suerte, este es un argumento fácil de desmontar. Si somos conscientes de que la mayoría de los pediatras tienen muy poca experiencia en la clínica de la lactancia, mi argumento es que su opinión en estos casos no tiene ningún peso. Si tu hijo tuviera una fractura múltiple de pierna, visitarías a un cirujano ortopédico. Si el pediatra te dijera «no te preocupes, no hay problema, espera a que se cure», probablemente buscarías otro pediatra. Este es el verdadero fundamento de mi argumento. Los pediatras y los médicos de familia son muy expertos en el trato con las madres que no tienen problemas de lactancia materna y deben apoyarlas tanto como sea posible. Pero si hay un problema en la lactancia, por lo general no saben cómo intervenir porque no han sido formados para lidiar con ese escenario específico. En mi opinión, su opinión no tiene peso en este caso concreto.

«Ya vimos a un otorrinolaringólogo (u otro especialista) y nos dijo que el frenillo sublingual no afecta a la lactancia materna.»
Este argumento es similar al anterior. Que un médico sea especialista, no significa que un especialista sepa cómo tratar este problema específico. Como he contado en otros artículos, al igual que muchos otros otorrinolaringólogos no recibí ninguna formación clínica sobre lactancia durante mi carrera. Durante casi dos años, me dediqué a leer y estudiar mucho y a consultar con otros expertos en lactancia para formarme sobre la relación entre los frenillos y la lactancia materna. Mi interés por ampliar mis estudios en esta área específica es relativamente poco común. Sin embargo, cuando se acude a un otorrinolaringólogo, la madre / padre / médico de cabecera asume que el especialista sabe lo que está diciendo, así que la negación de la relación entre frenillos y lactancia gana peso erróneamente (y anima al pediatra a afirmar lo mismo).

Los problemas de lactancia pueden contribuir a la depresión posparto y ensombrecer la relación entre mamá y bebé. Sumarle la disconformidad de la pareja o familia a la hora de buscar un tratamiento que pueda aliviar estos problemas a menudo desemboca en fracaso. Si sospechas que este es tu caso y algún miembro de tu familia duda, pídeles que lean este documento o que me envíen un correo electrónico. Pídeles que se unan a uno de los muchos grupos de apoyo para leer lo que les sucede a muchas familias de todo el mundo, para que entienda que no sois los únicos que tenéis problemas y que existen soluciones.


Sobre Bobby Ghahery
El Dr. Bobby Ghaheri es otorrinolaringólogo y cirujano, y es uno de los pioneros en el tratamiento de frenillos mediante láser.

Documentos de Bobby Ghahery publicados en Crianza Natural

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