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Los problemas de lactancia pueden afectar la salud emocional de madres y bebés

Publicado el sábado, 17 de marzo de 2018. Revisado el sábado, 17 de marzo de 2018.
Autor: Bobby Ghahery

Como cirujano otorrinolaringólogo, mi acercamiento inicial a la clínica de la lactancia se centró en los aspectos técnicos de la frenectomía en relación con los problemas de lactancia materna. Desde el principio, atendía a bebés con un propósito específico y, más allá de eso, confiaba a mis consultoras de lactancia la tarea de mejorar la calidad de la misma. Sin embargo, como padre de niños con frenillo lingual y como esposo de una mujer increíble que sufrió lactando a nuestro primer hijo, siempre he sido consciente del peaje que paga una mamá (y su familia) ante una lactancia anormal. En este documento quiero revisar algunos de los factores afectados por la lactancia más allá de la nutrición infantil y el agarre. Parte de lo que voy a presentar está apoyado por referencias, pero también tengo algunas ideas sobre el impacto de las anomalías en la lactancia que aún no han sido plenamente estudiadas.

Salud emocional de la mamá

Ya escribí con anterioridad sobre la importancia de los síntomas de la madre cuando es necesaria una frenectomía. Cuando a un bebé le es difícil lactar, el estrés de la madre es visible y casi palpable. La mamá posee un instinto inherente para alimentar a su hijo y la interrupción del deseo puede tener profundos impactos psicológicos. En 2014 estos impactos fueron observados en un importante estudio de Cristina Borra y colaboradores. En este estudio se midieron las tasas de depresión postparto (DPP) en relación con el éxito de la lactancia materna. Las madres con la tasa más baja de DPP fueron aquellas que tenían intención de dar el pecho y lo hicieron con éxito. Las madres con la mayor tasa de DPP fueron aquellas que tenían intención de dar el pecho pero no lo hicieron o no pudieron. Su riesgo de sufrir DPP fue el doble que el del grupo de control. Es un número alarmante que no podemos ignorar. Un estudio similar analiza lo que sucede con la lactancia materna cuando una madre está diagnosticada de DPP. El Doctor Stube y colaboradores encontró que, en casos de lactancia interrumpida, la duración media de la lactancia materna era de 1,2 meses, mientras que la duración media de la lactancia sin interrupción era de 7 meses. En su estudio, descubrió también que las madres diagnosticadas de DPP tenían una mayor incidencia de interrupción de la lactancia.

Existe además otro artículo que, en mi opinión, es el más fascinante. Aunque se trata de un estudio con animales, el Doctor Hinde y colaboradores examinaron las díadas madre-bebé del mono de rhesus y midieron los niveles de cortisol en la leche materna. Demostraron que las monas con altos niveles de cortisol en la leche materna tenían bebés que estaban «nerviosos», mientras que los bebés expuestos a leche materna con bajo contenido de cortisol se mostraban más «seguros». A menudo, los niveles de cortisol son altos en aquellas personas que sufren algún tipo de problema físico o psicológico, por lo que comprender el impacto del cortisol me resulta especialmente interesante. La causa y efectos de los niveles altos de cortisol reviste gran complejidad y es importante tener en cuenta que las implicaciones del cortisol sobre la lactancia materna no están completamente claras aún, por lo que es necesario investigar más.

Salud emocional del bebé

Desde una perspectiva biológica, uno de los instintos humanos más básicos es la necesidad de amamantar. Es posible que hayas visto reptar a un recién nacido por el pecho de su madre y engancharse al pezón sin ayuda. Es una función innata de los bebés. Cuando la lactancia se interrumpe, sabemos cómo puede afectar a la forma en que el bebé se alimenta, pero no tenemos datos para demostrar cuánto sufre el bebé ante la interrupción de esta necesidad funcional básica. En 2012 se publicó un artículo muy interesante que analizaba el nivel de estrés de bebés y mamás cuando se sometían a un programa de entrenamiento para autoestablecer el sueño (como el famoso método del llanto controlado). Se encontró que, cuando la mamá y el bebé estaban aplicando activamente el programa de entrenamiento, sus niveles de cortisol (una hormona fácilmente medible) eran altísimos. Una vez que el bebé concluía el «entrenamiento» y la madre se iba a su propio dormitorio, los niveles de cortisol en la madre se estabilizaban, pero los del bebé se mantenían elevados aunque no mostrara signos de angustia (un «éxito» del entrenamiento, en apariencia). ¿Cómo se puede aplicar esto a la lactancia materna? Sostengo que los bebés que sufren problemas de lactancia se sienten en peligro, de forma parecida a los bebés abandonados. Si se interrumpe una función humana básica (como la proximidad de los padres durante el sueño o una lactancia establecida), los niveles de cortisol pueden aumentar.

Recibo correos frecuentemente donde madres, poco después de una frenectomía, me dicen que vuelven a tener «entero» a su bebé. Bebés que, a menudo, se muestran más tranquilos, duermen mejor, están más relajados muscularmente y parecen felices.

Es hora de que los profesionales médicos comiencen a considerar la lactancia materna como un importante proceso de desarrollo en lugar de como un simple medio para que el bebé crezca físicamente. La comunidad médica es muy eficaz en la medición de atributos físicos: curvas de crecimiento e hitos físicos son parte indispensable de las revisiones infantiles, pero tenemos que centrarnos en el bienestar neurológico y psiquiátrico de los bebés y de sus madres. Nuestro sistema actual está fallando a la díada desde el aspecto emocional, y tenemos que examinar las consecuencias de ese fracaso.


Sobre Bobby Ghahery
El Dr. Bobby Ghaheri es otorrinolaringólogo y cirujano, y es uno de los pioneros en el tratamiento de frenillos mediante láser.

Documentos de Bobby Ghahery publicados en Crianza Natural

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