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Donación informal de leche materna

Publicado el lunes, 18 de junio de 2018. Revisado el lunes, 18 de junio de 2018.
Autor: Liz Torres Almeida

Son tiempos de promoción (insuficiente e impostada) de la lactancia materna en lo público. Nos alegramos del reconocimiento explícito y oficial de las bondades de la lactancia materna, así como de la facilitación de la lactancia en casos donde puede ser complicada de lograr en primera instancia, como es el caso de los bebés prematuros, a través de bancos de leche hospitalarios. Muchas madres lactantes están encantadas de ayudar y, para los bebés que la necesitan, es oro líquido. Como los bancos de leche hospitalarios son un logro del lactivismo y una medalla para las instituciones interesadas, la noticia de un nuevo banco se expande, se viraliza y es acogida con entusiasmo por todos, olvidando la consabida batalla de la teta y el bibe. Todos nos alegramos y muchas nos interesamos por donar. Lo que no es tan público, pero sí frecuente y maravilloso, es la donación informal de leche. De tú a tú. Por la necesidad de mi bebé y tus ganas de ayudarnos.

La ABM (Academy of Breastfeeding Medicine, máxima autoridad en la materia) se ha hecho cargo de la tendencia y ha publicado recientemente un documento al respecto. En él, perfila a la donante como una madre con un excedente de leche por sobreproducción, cuyo bebé ha fallecido o no puede tomar leche materna por alguna causa médica (galactosemia, por ejemplo, que impide a la criatura utilizar el azúcar simple y provoca una acumulación que causa lesiones orgánicas importantes). La asociación mundial Human Milk 4 Human Babies y otros grupos de lactancia locales apuntan más a una intención que a un excedente. Hay pocas mujeres que produzcan muchísima leche como para no saber qué hacer con ella y que se les ocurra regalarla, y las otras dos situaciones son concretas en el tiempo (y una punzada de amor en mitad del océano de tristeza). La gran mayoría de las mujeres producimos la leche que necesitamos para las criaturas que estamos amamantando en el momento actual, así que, ante la petición de una madre que esté teniendo algún tipo de dificultad, las donantes se extraen específicamente para la causa.

El documento de la ABM también habla de los riesgos y precauciones a tener en cuenta en la donación informal de leche, que incluye la conveniencia de unos análisis médicos (como se hace en los hospitales), tener contacto personal con la donante (frente a la tendencia a la donación vía internet) y sopesar someterla a una pasteurización casera. Es decir, baremar los beneficios de mantener la lactancia materna exclusiva a través de leche donada frente a los riesgos asociados a tener que confiar en que esa leche no contenga sustancias peligrosas para el bebé o enfermedades infecciosas como HTLV-1, VIH y hepatitis B. Es una cuestión de análisis, como los que nos realizan en la atención prenatal, relativamente cercana en el tiempo a una mujer lactante, y que otorga la confianza en que la donante no le estará dando leche perjudicial a su propio bebé. La recomendación del contacto personal va en la misma línea de la confianza, pero es reaccionaria a los tiempos de la globalidad virtual, con la consiguiente emotividad y solidaridad en formato píxel. En cualquier caso, es la madre receptora quien tiene que valorar cómo se siente más segura en el cuidado de su bebé: si dando un biberón de leche artificial o aceptando una donación de una familiar, amiga o de alguna mujer de su grupo de lactancia en Facebook. O incluso poniéndolo al pecho de otra mujer. Dentro de las opciones disponibles, debe ser la receptora quien valore. Aunque poner al bebé al pecho de otra enciende reacciones de todo tipo, mucho más que ponerlo a la tetina, es algo que las mujeres han hecho por otras desde que la mujer es mujer y, aunque afortunadamente las motivaciones de estatus (que muchas veces acarreaban esclavismo, más que contrato) han quedado atrás, en diversas culturas alrededor del mundo se sigue haciendo como parte de la crianza corresponsable y del bienestar de los niños. Es cierto que esta parte de nuestra cultura (con sus tasas de lactancia materna extraordinariamente bajas y sus agresivas campañas publicitarias de leche artificial) a la que llamamos “lactancia cruzada directa” (amamantar a un bebé que no es el hijo biológico) o “lactancia compartida” (cuando dos madres comparten el cuidado de sus hijos, por ejemplo, cuando una trabaja por la mañana y otra por la tarde) suele requerir un vínculo íntimo, tal vez por el componente relacional tan particular que la madre y la niña o niño afianzan en el pecho y que la madre puede desear en exclusiva con todo su derecho. Pero también es cierto que la leche extraída de otra madre es la mejor alternativa para un lactante que necesita ser suplementado y que, si bien la leche de vaca adaptada es un buen producto a emplear cuando es necesario, es importantísimo para muchas madres lactantes poder mantener la lactancia materna exclusiva también ante las dificultades inesperadas. Y, a fin de cuentas, la leche humana es la mejor leche para un bebé humano y no es un bien escaso. No nos cansamos de explicar que no es una elección tan somera como elegir el color de un coche, aunque, si partimos de la comparación, podríamos decir que puede ser como decantarse entre un Tesla de segunda mano o un Panda. Es comprensible que muchas madres que cuentan con la información correcta, sin los filtros tranquilizadores de la industria, se empeñen en dar leche materna a toda cosa. No porque lo diga yo, sino que lo dice la OMS: la primera alternativa es la leche directa del pecho de la madre. La segunda, la leche de la madre extraída. La tercera, la leche materna de otra madre y, por último y menos recomendada, la artificial.

Además de los análisis que descarten enfermedades infecciosas, la ABM y el sentido común recomiendan que se tenga en cuenta el estilo de vida de la donante, es decir, que sus prácticas sociales no incluyan tabaquismo, alcoholismo o cualquier otra dependencia de sustancias, y que sus prácticas sexuales puedan considerarse seguras. A algunas mujeres les tranquiliza que su donante informal también entregue leche a un banco regulado, lo que puede garantizar la idoneidad de la leche.

La donación informal de leche está en boga, para fortuna de bebés y mamás. Como muestra, HM4HB (Human Milk for Human Babies) está presente en 52 países, con sus 130 páginas en Facebook y más de 20.000 miembros registrados. A través de esta asociación, cientos de bebés necesitados de leche la reciben cada día. Se basan en el principio de la elección informada: “Confiamos, honramos y valoramos la autonomía de las familias y afirmamos que son capaces de sopesar los beneficios y riesgos del intercambio de leche a fin de tomar decisiones que sean las mejores para ellos”. En cuanto al riesgo y al vínculo, consideran que alimentar al bebé con cualquier sustituto de la leche materna no está exento de riesgos (y, de hecho, aunque normalmente hablemos de los beneficios de la lactancia materna, lo riguroso sería hablar de los perjuicios de la artificial) y que recibir leche de donantes no es diferente de pedir un huevo a un vecino de confianza. La Dra. Sally Dowling, de la University of the West of England, lo tiene claro: “Sí, existen algunos riesgos pero, en general, las mujeres entran en esto con los ojos bien abiertos e investigan todo lo que pueden".

Al contrario de lo que ocurre en Escocia, donde los bancos hospitalarios ofrecen también una vía privada (One Milk Bank for Scotland es parte del servicio de salud y garantiza que la leche materna se puede recolectar de las donantes, procesarse y distribuirse a través de una red bien desarrollada), generalmente la leche de los bancos oficiales está destinada a neonatos con dificultades para lactar, como los bebés prematuros. Esta población es muy concreta, por lo que el resto de las madres que necesitan suplementar a sus bebés no tienen más opción que la donación informal para acceder a leche materna. Algunas comunidades como la musulmana, para la que el “parentesco de leche” es relevante, o personas que a título personal valoran poder conocer a la donante, entienden que una gran ventaja de la donación informal es, precisamente, saber quién produce la leche que van a ofrecer a sus hijos. Poder preguntarle cualquier cosa, incluso sentir si “hay conexión” entre ambas, evita el anonimato propio del conjunto de leche de muchas donantes de los bancos regulados. Una ventaja mucho más tangible es la posibilidad de dar leche fresca, que conserva intacta todas sus propiedades.

En definitiva, la donación informal de leche es una opción más a tener en cuenta cuando la situación de amamantamiento ideal no es posible. Si te puedo echar una teta, cuenta conmigo.

Fuentes:

  • http://online.liebertpub.com/doi/pdf/10.1089/bfm.2017.29064.nks
  • http://hm4hb.net/
  • http://www.bbc.com/news/uk-england-birmingham-42286541
  • http://sci-hub.la/http://online.liebertpub.com/doi/abs/10.1089/bfm.2017.29066.aie?journalCode=bfm

Sobre Liz Torres Almeida
Liz Torres Almeida es psicóloga, sexóloga y madre de dos niños. Puedes saber más de su trabajo en su página de Facebook: La Mujer Revoltosa.

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