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Basta de tratar el embarazo y el parto como una enfermedad

Publicado el martes, 19 de junio de 2018. Revisado el martes, 19 de junio de 2018.
Autor: Liz Torres Almeida

Algunos países, más que el nuestro, tienen estadísticas muy completas que evidencian el problema que arrastramos con el paradigma actual del embarazo y parto en occidente. Cuantos más datos se registran, más claro se ve. Es el ejemplo de Canadá uno de los que mejor ilustran que algo patina.

La primera causa de hospitalización en Canadá es el parto, y la cirugía que más se realiza es la cesárea. ¿Es el embarazo una enfermedad? ¿Es el hospital el mejor lugar para dar a luz? ¿Realmente es necesario realizar cesáreas en uno de cada cuatro nacimientos?

El consenso general es que ni el embarazo ni el parto son enfermedades. Todos lo tenemos bastante claro, sea cual sea nuestra perspectiva personal a la hora de afrontar esta etapa, más natural o tradicional, más tecnológica o moderna... Sin embargo, no hay nada como meter a una parturienta sana en un hospital para convertirla en una paciente: alguien que debe ser «asistida», que viene a ser vigilada, sedada, drogada, operada y así sucesivamente en distintos grados de intervencionismo que tienen poco que ver con la no enfermedad.

Así lo demuestra cada estadística de cada país, aunque no sean tan exhaustivas como las canadienses: cuando la mujer entra a parir en un entorno institucional, a menudo es expuesta a una cascada de intervenciones dudosas y muchas veces inútiles, que van desde el rasurado del vello púbico hasta la cesárea innecesaria.

La OMS sugiere que la tasa óptima de cesárea, es decir, aquellas que son necesarias para asegurar el bienestar de madres y bebés, debe estar entre el 5 y el 15% del total de nacimientos. En España la cifra asciende al 25% en la sanidad pública y al 40% en la privada. El contraste es importante porque, además de por miedo, demasiadas cesáreas se hacen por conveniencia (generalmente del médico). Y sí, cada vez más mujeres escogen una cesárea, ¿pero hasta qué punto es una elección libre? Cuando el embarazo y el trabajo de parto son medicalizados en exceso, por una o varias personas percibidas como profesionales con autoridad, que no ofrecen información ni alternativas razonables, se está creando incertidumbre y miedo. La tocofobia, el miedo irracional al embarazo y al parto, no es un mal nuevo, pero sí que aumenta cada día.

Por supuesto, las cesáreas salvan vidas. Pero como toda cirugía mayor con sus riesgos asociados, deben hacerse cuando estén realmente indicadas, ya que, de lo contrario, son dañinas. «Primum non nocere» (lo primero no hacer daño) es la norma más antigua de autorregulación del ejercicio de la medicina. Así, los médicos deberían atender aquellos casos complejos que entrañen un riesgo por cuestiones de salud de madre y bebé, pero la mayoría de los nacimientos, por ser normales, deberían ser atendidos por comadronas y preferiblemente en entornos familiares, si no en el hogar en casas de partos.

No se trata de un intento de romantizar el parto natural o volver a los viejos tiempos, que no eran tan buenos como se pintan. Hasta el último siglo, los bebés nacían en casa con muy poco o ningún apoyo y, en muchos casos, en medio de trágicas complicaciones tanto para ellos como para sus madres. La mortalidad materna cayó bruscamente en el siglo XX, pero solo una pequeña parte de esa mejora es gracias a las intervenciones médicas de entonces y de ahora. Lo cierto es que tenemos un nivel de vida mucho más alto (por tanto, mejor salud en las mujeres y mayor esperanza de vida, mejor estado físico ante la adversidad y mayores probabilidades de recuperación), tenemos emancipación relativa y anticoncepción (por tanto, las mujeres que tienen más de cinco hijos salen en reportajes de televisión; el físico no acusa una multiparidad elevada) y, sobre todo, tenemos un mejor control de las infecciones, incluyendo el acceso a medicación (antibióticos, vacunas...) y entornos antisépticos. Los mayores riesgos para nuestras abuelas lejanas eran las enfermedades infecciosas y el sangrado excesivo, que siguen siendo los mayores riesgos hoy, pero que ahora son manejables.

En un intento de eliminar totalmente el riesgo (cosa imposible en medicina, donde el riesgo cero no existe como en la vida misma) hemos logrado que el embarazo y el parto sean innecesariamente tediosos, costosos y que hayan creado nuevos riesgos asociados a la intervención médica en lugar de a la ausencia de la misma. Para que el sistema de salud se centre en el paciente y sea eficaz a la par que rentable, es necesario que la atención sea la adecuada, de mano de la profesional adecuada y en el lugar más conveniente. Requiere un profundo cambio cultural y estructural. El embarazo y el parto son parte de un proceso fisiológico normal, que debería vivirse desde el goce como eventos sexuales que son para la mujer. Traer un niño al mundo debería ser grato, memorable y mágico. Merecemos algo mejor.

Fuentes:

  • https://www.theglobeandmail.com/life/health-and-fitness/health/its-time-to-stop-treating-pregnancy-like-a-disease/article19163808/
  • https://consalud.es/pacientes/espana-se-excede-en-cesareas-25-en-publica-40-en-privada--18244

Sobre Liz Torres Almeida
Liz Torres Almeida es psicóloga, sexóloga y madre de dos niños. Puedes saber más de su trabajo en su página de Facebook: La Mujer Revoltosa.

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