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A flor de piel

Edurne Estévez Bernal

Publicado el miércoles, 09 de diciembre de 2015 en Salud y nutrición


El deportista Matt Barkley subía a su cuenta de Facebook un breve vídeo en el que aparece su hijo de 4 meses recibiendo un masaje sobre las piernas de su padre. ¡La cara del pequeño lo dice todo!

En estos tiempos de prisas y de relaciones muchas veces asépticas, el tacto y el contacto cobran aún más importancia si cabe. ¿Recuerdas la última vez que recibiste un masaje? Pero no un masaje debido a un dolor de espalda, sino un masaje por el mero placer de sentirse tocado, amasado, contenido. Por el gusto de parar un rato y sentir.

Si para nosotros los adultos el contacto físico es algo fundamental, imaginemos lo que supone para nuestros bebés. Acostumbrados durante nueve meses en el vientre materno a sentirse acunados, rodeados, percibiendo la presencia del cuerpo de mamá, su respiración, los latidos de su corazón... ¿qué es eso de “no lo tomes en brazos que se acostumbra”? ¡Si ya venimos acostumbrados de serie! La importancia del contacto piel a piel madre-bebé es incuestionable. Para un recién nacido, el contacto continuo supone una garantía de seguridad y supervivencia, y resulta tan importante como la alimentación. El pequeño percibe los límites de su cuerpo por el contacto con el cuerpo de su madre, y siente inseguridad, incertidumbre y miedo cuando no se encuentra contenido.

Todo esto se sabe desde el inicio de los tiempos, pese a que el utilitarismo, las prisas y la cultura de la productividad y la “independencia infantil” hayan hecho mella en el mundo occidental. Tenemos, por ejemplo, el arte del masaje Shantala, como otra manera más de demostrar amor a nuestros pequeños mediante el tacto. El masaje infantil puede tener diferentes formas, ya sea con un acercamiento al cuerpo de nuestro bebé de manera intuitiva o más estructurada. Aunque existe una amplia oferta de cursos presenciales para aprender a realizar las técnicas, también está quien prefiere consultar un libro o quien simplemente se dejará guiar por su instinto a la hora de masajear a su pequeño. El masajear al bebé es agradable también para quien lo ejerce... ¡y los hermanos mayores también pueden querer participar!


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