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Porteo a la espalda

Edurne Estévez Bernal

Publicado el jueves, 09 de febrero de 2017 en Llevar a tu bebé


Ya llevas semanas porteando a tu bebé. Qué estupenda sensación la de poder besarle, olerle, escuchar cada uno de sus sonidos. Pero va pasando el tiempo y tu bebé... cada vez pesa más, ocupa más y sobre todo, quiere ver MÁS. Así que, pese a las posibles reticencias iniciales por falta de costumbre y de referentes culturales sobre todo, terminamos probando la experiencia de llevar la criatura a la espalda. Un nuevo mundo se abre ante nosotras... literalmente. Poder volver a verse los pies no es moco de pavo, así como poder observar lo que hacemos con nuestras manos por delante de nuestro propio cuerpo.

Nuestro niño o niña va por fin en el sentido de nuestra marcha, viendo lo mismo que nosotros vemos: el perro del vecino, la grúa de la obra de la esquina, el hermano que corre para llegar a tiempo al colegio, la panadera, el frutero y todas las personas que conforman nuestro universo cotidiano.

Quienes ya tienen alguna experiencia porteando a la espalda seguro que recuerdan esas primeras veces: mirando en cada escaparate a ver si se ha dormido, si se ha comido la galleta, si se me está cayendo, a ver qué cara lleva. Palmeando su culito de vez en cuando, descubrimos que así también se duermen, que también podemos hablarles, mostrarles cosas y, en definitiva, interactuar. ¡Resulta que eso de llevar al bebé atrás es cómodo y útil!

Sí, sí. Claro que requiere de un poco de atrevimiento, sobre todo para romper esquemas culturales y mentales, y un poco de práctica también. Pero pasadas esas primeras veces, porteador y bebé forman un equipo perfectamente compenetrado. ¡Todo es probar! Y si a la primera no sale con fluidez... ¡perseverar! Incorporar a nuestros hijos e hijas a nuestra vida diaria nunca fue tan fácil como llevándolos con nosotros.


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